Las devociones diarias o como acercarse a los dioses en nuestro día a día es sin duda el mayor desafío para cualquiera que no siga las religiones del libro. Porque no debemos vivir en otra realidad, en eso estamos de acuerdo, pero tampoco debemos olvidar que nuestra vida es divina. Que los dioses no están solo en los rituales, ni en los altares. Que su esencia impregna cada centímetro de nuestro mundo.
Todo forma parte de los dioses
Cuando Tales de Mileto dijo ΠΑΝΤΑ ΠΛΗΡΗ ΘΕΩΝ, lo que al traducirlo a nuestra lengua significa «Todo está lleno de los dioses» lo dijo literalmente, no como un símbolo, ni como una metáfora. El mundo, entendido desde la perspectiva que los padres de la tradición nos legaron, es un lugar divino y en el es donde desarrollamos nuestra vida en conjunto con las divinidades.
Los dioses forman parte de nuestro día a día. Eso es algo que para cualquier politeísta (no solo de nuestra tradición) es evidente. Los antiguos reverenciaban la vida y contemplaban en sus espacios y periodos la sacralidad. Eso no significa que Atenea o Artemis estén todo el día apuntando o viendo que haces, ese concepto es más bien propio del monoteísmo, es más bien el concepto de encontrar lo sagrado, lo divino, lo virtuoso en cada uno de los actos que ejecutamos.
En este pensamiento poderoso y profundo, nos hemos inspirado muchos a la hora de construir nuestra práctica actual. También cuando pensamos en las devociones diarias, las cuales no tienen que ser siempre delante de nuestro altar. Vamos a dar un paso más profundo y vamos a buscar a los dioses a través de nuestros actos, en la vida.

Los turistas que han compartido conmigo alguno de mis tours mitológicos lo saben, lo digo siempre, la magia de los antiguos helenos fue divinizar lo mundano, hacer descender de algún modo las fuerzas esenciales que gobernaban el Cosmos a nuestro día a día.
¿Sabéis que toda nuestra mitología tiene un lugar concreto en el mapa? Quiero decir que nuestros escenarios míticos no son sitios fantásticos a los que no podemos llegar. Algunos por supuesto no los conocemos pero incluso la casa de los dioses, el Olimpo, es un sitio real.
Nuestra religión, si es que la podemos llamar así, tenía sus altares en la calle y sus templos eran más la casa del dios al que estaban dedicados que un sitio donde los mortales pudiéramos acceder fácilmente. Además a la mayoría de los ciudadanos de a pie no nos estaba permitido entrar dentro del templo. De hecho no era un sitio ni de reunión ni de culto. Las ceremonias se celebraban bajo el cielo abierto que recibía el humo de las ofrendas al ser quemadas, en los altares, centro y corazón de nuestra tradición.

La parte más rica de nuestra tradición, a mi entender, es el culto en el hogar. Si bien la tradición pública es diferente en cada ciudad-estado y está llena de cosas que pueden ser contradictorias (estoy segura que esto es en parte por la información que hemos perdido por el camino) la tradición, dentro de las casas, conserva ciertos estándares y da a la familia libertad para realizar un culto propio, sin muchas limitaciones.
Desde que nos levantamos y los rosados dedos de la Aurora abren el cielo para darle paso a Helios y a Apolo con su fuego hasta que Selene cubre la negra noche con su plateado manto vivimos en plenitud con los dioses.
No podemos entonces, viviendo en un mundo perfilado por ellos, colgar nuestra túnica y ser solo espirituales frente a los altares. Por si alguien no lo sabe aún, los dioses no están presentes solo en los altares. No aparecen solo cuando los llamas. No es que sean omnipresentes y estén todo el día fijándose en nosotros, no es eso, pero compartir con ellos tu vida es más fácil si recuerdas que forma parte de la vida misma.
Por eso me he decidido a escribir este artículo.
¿Como incorporar a nuestra vida las devociones diarias?
Abres el calendario ático (es el calendario que llevo usando de base 13 años, no es el único, pero si es el más extendido) y de repente te encuentras con que todos los meses al menos hay seis días de festividades. Más la luna nueva y la luna llena. Más alguna festividad personal que quieras agregar…
¡Espera! ¿Esta gente como vivía? ¿Todo el día de fiesta? ¿No trabajaban? ¿No tenían más vida? Recuerdo el tremendo shock que supuso para mi estando acostumbrada como pagana a la «Rueda del año» wiccana con sus Esbats y Sabbats. Ni idea de como lograrlo… hasta que el tiempo me dio la respuesta.
Mi opinión personal…
Al principio intentaba llevarlo todo a raja tabla y hacer lo que yo consideraba «un ritual decente» para cada dios. Imaginaros que, en alguna de las fechas del mes de las que se repiten se honran a cuatro dioses. Me causaba mucho estrés y al final cumplía, sí, pero de qué forma… Montaba un altar extra, preparaba ofrendas especiales, velas del color de cada dios. Al final, siempre estaba más cansada y nunca disfrutaba del contacto y de la celebración de lo que el dios significaba en mi vida.
Entonces me mudé a Grecia. Dejé de tener un altar en casa porque mis estatuas en su mayoría se quedaron en España. El primer año tuvimos una falta de dinero considerable que tampoco nos permitía mucho gastar en ofrendas y los quehaceres del inmigrante -y también las preocupaciones – consumieron nuestro tiempo.
Totalmente imposible hacer las devociones diarias tal y como las había hecho en España… Fue Atenea quien un día me dio la idea, estaba estudiando y sentí un tipo de aire muy característico que mi mente por alguna razón siempre vincula con ella. Empecé a pensar que por que no dedicar mis actos a los dioses. Porque no encontrarme a los dioses en la vida diaria. Si los ancestros habían sacralizado el mundo porque no podía yo a través de ese mundo unirme a nuestras divinidades.
Así mi balcón, un quinto precioso que mira a la bahía del Pireas, se ha convertido en el altar más potente para saludar al sol por las mañanas, mi escritorio una puerta directa a la Nous del Cosmos, mi amada Atenea, mi cocina es el fuego de Hestia, mis rutinas semanales de cuidado de piel y cabello son mis formas de adorar a Afrodita y acercarme a ella. Cada vez que dedico tiempo a mi pareja celebro la unión entre Zeus y Hera y cada vez que respeto sus límites y su espacio, venero la Theogamia que es ejemplo para los mortales de unión. Cada vez que protejo a mi familia construyo esa muralla con la fuerza de Ares y cada vez que arreglo algo en casa utilizo los dones que Hefesto nos regala.
¿Y los rituales? Pues un altar siempre limpio, que no tiene que estar repleto de estatuas si no tienes dinero o espacio, una vela, un canto, una evocación o invocación. Un poco de incienso y vino…. y ya está.
Cuando lo que hacemos deja de ser una religión porque realmente no hay nada que religar y se convierte en una forma de vida, de reverenciar lo sagrado (lo externo y lo interno) y volver a convertirnos parte de el entonces las cosas se vuelven más fáciles.
Os dejo por aqui una oración que usamos en Grecia tanto en rituales de la ciudad como en el culto en el hogar. es la oración con la que yo abro los altares de mi casa, cada día, una traducción claro, que espero que os guste.
El autor es Georgios Gemistos Plethon
Que nunca deje de ofreceros, oh dioses bienaventurados, mi gratitud sincera por todos los bienes que me habéis dado y por los que con el tiempo he recibido, siempre bajo la guía del supremo Zeus. Que nunca, dentro de mis posibilidades, descuide el bienestar de mi raza.
Que el servicio al bien común sea mi mayor recompensa, y que jamás sea causa de mal alguno entre los hombres. Que, en la medida de lo posible, mi acción sea siempre un bien, y que así, en mi propia felicidad, me asemeje a vosotros.
Un abrazo para todos, los dioses llenen de gloria y dicha nuestros días.
Palladia


